CRÓNICAS

Clásica de Canencia
Domingo 9 de abril 2006.

Primera fecha de la temporada oficial del histórico y glorioso Club Ciclista Chamartín con puerto-puerto. Ya sabemos que Canencia no es el Mortirolo, pero no está mal para empezar. Además está el Cerro de San Pedro a modo de aperitivo a la ida, y también a la vuelta por el lado duro para rematar el día. Hasta ahora sólo hemos tenido alguna cuestita como el Espartal o las subidas de Paracuellos o al hotel ese antes de Navacerrada, que no son un test serio para ver el estado de la cuestión. Día perfecto de primavera, con un fresco relativo de unos doce grados por la mañana y cielo casi todo azul, con alguna nubecilla de velo que evitará el calor excesivo, ¿qué más se puede pedir?

Ya se sabe que todo requiere más tiempo de lo que parece -véanse leyes de Murphy- y además me vuelvo a por la bomba olvidada, con lo que este intrépido reportero pasa por Bravo Murillo a la altura de la Plaza de la Remonta –sede del glorioso CCC- con más de diez minutos sobre las 8:30, como decía Butano, y los provectos caballeros que controlan el club velan para que siempre se salga en punto, ni un minuto más, lo que me parece muy bien. Me toca meter plato para intenta pillar al personal lo antes posible y no quedarme pringao subiendo a Colmenar.  No lo consigo hasta Fuencarral, en la salida alternativa a donde llego cuando está montando gente del cada vez más numeroso pelotón del Chamartín, parecemos el Tour. De todas forma el “grupo A” –terminología oficial, disculpen ustedes-  ya va por delante, con lo que tengo que continuar más fuerte de lo que me gustaría hasta que consigo pillar a los últimos justo al empezar el carril bici. A estas alturas ya maldigo el calentón y la pu...ñetara bomba, la próxima vez la dejo, bombas es lo que sobran y además aquí somos muy de equipo y parar todos al pinchar. ¿Y cuántas calorías me habré dejado que luego me harán falta? ¿Eh?

Ya hay algunos nerviosos delante que van estirando la fila, ellos sabrán por qué, con lo que nos queda. Me informan que están casi todos los gallos –muchos, que levante la mano quien no lo sea- salvo Pepe Dolomitas y Paco Nicolás, pero este último tiene la costumbre de coger al paquete A por detrás -sin malinterpretar- ya bien metidos en la marcheta, con lo que no se sabe si aparecerá en cualquier momento.

Y efectivamente, así sucede a la altura de Tres Cantos, misterios de la naturaleza humana. (Entre otras cosas porque puede. Nótese la envidia cochina subyacente.) También está el reaparecido Torsten el danés, temible rodador del norte que no necesita plato pequeño, ¿para qué?, nadie le ha visto usarlo nunca. Va justamente situado entre esos de cabeza que velan, ahora caigo, es por eso, por nuestro bien, para que no lleguemos fríos al cerro. No están otros dos alemanes ni las dos chicas valientes Eva, también rodadoras de buena talla, una de ellas norteamericana, sí están los peruanos, qué cosmopolitas y globalizaos que somos, qué abiertos “a todos y a todas”. Ahora mismo también tenemos un francés que recuerda a Nicola del año pasado, pero sólo por eso, por ser francés. Aquel hablaba español perfecto pero poco, y andar andaba mucho, como una máquina en una ídem a la altura con Dura-Ace completo. El actual de momento lleva un hierro vetusto escasamente presentable al que un domingo se le salió la biela, o quizá fue el plato, o las dos cosas, no sé muy bien, y actualizó luego con un juego que le ha regalado su compatriota Javier el pequeñín, tan sobrado siempre de material. Pero aquí no hace falta venir de etiqueta, todos y todas son bienvenidos-das, todos encuentran su nivel entre la gran familia chamartinesca –por eso vino, se lo dijeron en una tienda- y por lo demás es un joven fogoso que anima el cotarro y tira cuando puede –en llano- y dice que va ha hacer la Marmotte, la durísima marcha del otro lado de los Pirineos.

Bueno, pues como iba diciendo, entre esto y lo otro llegamos a la desviación para Guadalix de la Sierra un grupete amplio pero no tanto, ¿unos quince o veinte?,  dispuestos a atacar el cerro de San Pedro, primera dificultad de la jornada. El que suscribe marcha agazapado como un zorro ante el temor de quedarse descolgado antes de tiempo y perder el honor y la honra si las “hostialidades” empiezan pronto, como está sucediendo últimamente. Ya habrán notado, por si alguien no lo sabía, que aunque estas salidas son teóricamente de “cicloturismo”, para gozar de la naturaleza, el aire libre y demás en dulce paseo placentero, en realidad, al menos en el “grupo A”, a la gente le va la marcha más que a un tonto un chupachups, y la cosa se acaba pareciendo a esas carreras en donde al empezar alguien grita el famoso verso inmortal: ¡maricón el último! 

Pero, en fin, aprovechando el rebufo de los generosos que lo dan todo en todo momento y el llano intermedio, llego arriba bien colocado, entre la docena de tipos duros, de los “doce hombres sin piedad”. Cuando queda el último repecho, justo antes de la casa, salta Jose el de rojo, -al que la UCI del club va a poner una multa en francos suizos por no llevar el maillot reglamentario- y justo después yo mismo, contento de verme en donde estoy, junto con Paco Nicolás, sin duda por costumbre. Ambos pasamos en paralelo unos metros detrás de José Ignacio y con otros pocos metros delante del grupito de donde, curiosamente, no han saltado como suelen hacer ni Gustavo ni los que les suele gustar pasar primeros, no sabemos si porque no han podido o porque no les ha dado la gana. A lo mejor es que el cerro por la cara fácil no les motiva, nos lo dejan a los globeros, un pequeño sprint intermedio para secundarios. (Ángel me aclara más tarde que él venía tirando desde Tres Cantos). Sin otro particular nos dejamos caer en fila veloz pero sin pasarnos hasta justo antes de entrar en Guadalix de la Sierra, lugar en el que hacemos una paradita para reagruparnos y regar las margaritas.

Al salir del pueblo, ¿estamos todas? Sí, de momento, porque se empieza la subida a Miraflores, no es muy dura pero subir se sube y seguro que alguien pondrá una marcha poco relajada. Resulta que no sólo no es relajada sino que se va más fuerte que en la anterior. Algún desaprensivo ha metido la quinta a las primeras de cambio con lo que la gente empieza a descolgarse en implacable goteo, y yo entre ellos. Así que no sé muy bien quien es el responsable del desaguisado. Entre los malhechores se encuentran sin duda el  ya mencionado escalador peso pluma Gustavo el peruano,  Jesús el asturiano que no es bajito ni peso pluma pero últimamente está que se sale, y Paco el de por costumbre que anda bien en todos los terrenos. ¿Quizá también Carlos y David Dolomitas? Algunos más que han aguantado el primer tirón van cayendo como fruta madura y paso a algunos. Ángel, el otro escalador puro peso mosca estará cansado o no anda fino porque conmigo sube. Llegamos a Miraflores desperdigados cada uno según su forma y condición, ya se sabe, la carretera nos ha ido poniendo a cada uno en su sitio, le pregunto a Ángel si va a haber parada antes de subir Canencia, me responde que no cree, por un momento yo pensé que sí la habría, ilusa esperanza de reposar un poco y recuperar fuerzas.

La primera rampa nada más salir del pueblo, como es bien sabido, es de las de meterlo todo. Ahí se me va Ángel, cosa normal porque para eso pesa veinte kilos y yo setenta -y no soy Armstrong. Intento meter el molinillo del mismo, con el 30 pequeño de mi triple plato y el 23 máximo atrás, pero ni por esas. Se me va igual, él con doble. No obstante, me sirve para disimular y hacer como que me creo que voy más deprisa, es una de las ventajas de llevar triple o compactos. Y a lo mejor también sirve para “limiter les dégâts”, como dicen los franceses o los cursis de aquí “minimizar los daños”. No para ir más rápido, pero sí para no petar del todo y conservar lo poco que uno tenga, porque cuando pasan las rampas duras me quedan algunas fuerzas y paso a Ángel como los antes mencionados, “sin piedad”, e intento poner tierra de por medio. No se tiene todos los días la oportunidad de entrar en un puerto delante de un escalador puro de treinta kilos como Ángel, mismamente yo no lo he hecho nunca.

Y para arriba seguimos degustando la soledad del corredor de fondo como si fueran las rampas del Ventoux, que aunque Canencia no lo es, a mí me lo está pareciendo. Se me hace interminable el puertito. A Jose Ignacio seguramente también, porque también le paso. Al cabo de un rato a los de delante ni se les ve y me encuentro conmigo mismo en tierra de nadie, momentos propicios para meditar sobre la brevedad de la vida en este valle de lágrimas. Me digo que más deben estar sufriendo a esa misma hora en la Paris-Roubaix. ¡Pero a ellos les pagan, y a mí quién me manda! Profundas reflexiones que sirven para que ya quede menos, casi dejarse ir. Error: hacia el final se me ocurre mirar para atrás y hete aquí que veo de nuevo a Ángel, que me tiene a un tiro de piedra, dispuesto a despegarme las pegatinas a poco que me descuide. No lo permitirán los dioses y acelero lo que puedo, porque “no-se-tiene-todos-los-días-la-oportunidad de ....” con sus cuarenta kilos ¿serán cincuenta? Antes de llegar me cruzo con Paco bajando, con lo que deduzco que me ha debido sacar un buen trozo. Cuando por fin llego arriba, Gustavo andino peso mosca esta apoyado en la bici mirando el reloj y cantando los tiempos. Me ha sacado 2:15. Me informa del orden de llegada: Primero él, Gustavo Gálvez, segundo Paco Nicolás a 50 segundos, tercero Jesús el asturiano a 1:10”, cuarto este intrépido reportero a esos dos minutillos y pico de nada, quinto Ángel Herráez, detrás a diez segundones como diez soles, y luego creo que José Ignacio, pero no estoy seguro y no sé a qué distancia, como tampoco los demás, porque me bajo en seguida con Ángel y Gustavo a comer y beber algo. Habrá que perfeccionar la labor de jueces y cronometradores en lo sucesivo. Para ser la primera vez nos daremos por contentos. A ver si los siguientes se  acuerdan y mejoramos el acta. Bajando nos cruzamos con el largo rosario de sufridos ciclistas que suben sudando felizmente según los cánones masoquistas de la bicicleta, que ya se sabe que es sufrir.

Después del descanso del guerrero y avituallamiento reposado en el bar de Miraflores –tomen nota otros grupos con cagaprisas ansiosos- bajamos de vuelta a Guadalix de la Sierra a ritmo alegre –es decir, a tope- y sin ninguna incidencia. Al salir del pueblo pincha el joven Dani ex-peña-Chozas, y contra todo pronóstico sólo nos paramos tres para apoyarle en el contratiempo –hay excepciones a lo mencionado al principio-  con lo que bien mirado nos viene muy bien  para subir el Cerro en paz y armonía cicloturista a los tres solidarios y al pinchado. El resto nos está esperando a la entrada de Colmenar en la incorporación al carril bici, desde donde bajamos a la alegre marcha habitual, esa que deja un montón de gente descolgada antes de llegar a Fuencarral. Allí ya hay un grupo de los que han venido directamente de Miraflores y allí mismo se convoca salida extraoficial el Jueves Santo a las 9:00 horas. Es una propuesta de Gustavo para subir Morcuera a modo de preparación para la marcha-subida a Navacerrada del sábado 6 de mayo, dicen que cronometrada con chip, y a la que piensan acudir muchos, previo pago de los 20 euros que clavan por el derecho a sufrir. 

Y sin nada más que añadir, contentos de haber hecho unos 120 “bornes” de buen rollito en un agradable día de primavera, nos vamos marchando tranquilamente para casa.

Salud.
Aurelio

 

[Ampliaciones, comentarios, etc, dirigirlos a esta misma sección]


Volver a la página principal